Tras 15 años de lucha social en el Pirineo para evitar que una autopista atravesara el Pirineo por el túnel carretero de Canfranc, actualmente en construcción, afectando gravemente al valle de Aspe, en el lado francés, y al valle del río Aragón, en el español, finalmente el gobierno de Jospin, a través de su ministra de Medio Ambiente, ha declarado su intención de no construir la autopista hasta el túnel.
Es seguro que las continuas movilizaciones en ambos lados de la frontera pidiendo la no ejecución de estas infraestructuras, que hubieran afectado a una de las zonas del Pirineo mejor conservada, donde aún se encuentran osos pardos, han tenido una gran influencia a la hora de tomar esta decisión –como la reciente concentración de más de 3.000 ecologistas en el valle de Aspe, el pasado 22 y 23 de mayo–. Sin embargo, es claro en la mente de los políticos franceses debe estar en el reciente accidente ocurrido en el túnel del Mont-Blanc, hace dos meses, en el que murieron 45 personas al incendiarse un camión, o el más reciente aún, en Austria, hace apenas dos semanas.
Los planes del gobierno español, por el contrario, según declaraciones recientes del Director General de carreteras, Juan Francisco Lazcano, iban en la línea de establecer para los camiones –especialmente si transportan mercancías peligrosas o pesadas– la obligación de ir escoltados con personal del túnel, así como el cierre del túnel al paso de turismos mientras se realicen este tipo de trayectos especiales.
Desde el principio, los ecologistas habíamos demandado la reapertura
del canfranero* (la línea ferroviaria Zaragoza-Canfranc-Pau)
como la mejor solución para los tráficos previstos en la
zona. Este tren, cortado hace
más de treinta años en la frontera, permitiría
acoger el tránsito de mercancías, evitando su paso por carretera
y haciendo, aún más claramente, innecesarias las autovías
en los valles de Aspe y del Aragón. Varias organizaciones y municipios
de los dos lados de los Pirineos, entre los que están Ecologistas
en Acción de Aragón, habían firmado recientemente
el Pacto del Somport en el que se defendía este mismo argumento
para dar una salida válida y respetuosa con el medio ambiente al
problema de las comunicaciones con Francia.
La principal obra que hasta el momento se ha acometido para este proyecto es el túnel carretero de Somport, cuya perforación ya est&aa m–, o el de Vignemale –de 42 km– que uniría Biescas (Huesca) con Pierrefite- Nestalés, en Francia.
Ecologistas en Acción denuncia que la decisión de abandonar
el proyecto y de atender las razonables propuestas que, desde el principio,
se han hecho tanto por ecologistas como por los habitantes de los valles
afectados, se ha
producido tras gastar cerca de 50.000 millones de pesetas. Si, como
todo parece indicar, los franceses no comunican con autopista su red de
carreteras con el túnel de Somport, los planes españoles
de hacer lo propio
y el dinero gastado en un túnel sobredimensionado serán
otra prueba más de la irresponsable política de transporte
desarrollada por nuestros gobernantes.