La pérdida de la calidad del agua de los ríos, la explotación abusiva de sus caudales para riegos y la paulatina y constante desaparición de los bosques de ribera, están haciendo desaparecer, a paso acelerado, estos singulares ecosistemas, no sólo importantes por su papel como área verde de uso recreativo ó su alto valor paisajístico, si no también, como viene reivindicándose desde diversos foros, por su función como corredores ecológicos naturales, que ponen en contacto una amplia red de espacios naturales en los que se hace necesario para su protección la gestión no dejarlos aislados.
Nos consta, que la Administración ha asumido la necesidad de conservar estos espacios naturales, y en este sentido la Comunidad Europea viene imponiendo resoluciones que obligan a la depuración de los vertidos a los cauces fluviales. La depuración de vertidos en la gran mayoría de los pueblos de nuestra provincia, con poblaciones inferiores a los 2000 habitantes, no debe conllevar a implantar complicadas y costosas plantas, si no sistemas de tratamiento suave basados en filtros verdes. En lo que respecta al control de caudales que deriva a riegos, se hace necesario la instalación de caudalímetros que midan las tomas de agua con arreglo a las concesiones otorgadas.
La protección de sotos y bosques galería, deja mucho que desear, teniendo en cuenta que por parte de los gestores forestales, se consideran especies de crecimiento rápido, atendiendo a la normativa vigente de la Ley de Montes. Si bien el crecimiento, tras la corta y la sucesiva plantación, es relativamente rápido con relación a otras masas boscosas, no lo es la regeneración de estos variados bosques, con una gran pérdida en diversidad y calidad, no sólo al simplificar la comunidad vegetal, sino también al sustituir, en la nueva plantación, las especies autóctonas presentes de Populus y Salix, por monocultivos intensivos de chopos comerciales de producción maderera.
Teniendo en cuenta la titularidad de Dominio Público de las orillas de los ríos, gestionado por el Ministerio de Medio Ambiente a través de las Confederaciones Hidrográficas, se hace necesario una coordinación entre este Ministerio y la Consejería de Agricultura y Medio Ambiente -responsable en Aragón de la gestión forestal y la conservación del medio ambiente-, así como entre los Ayuntamientos, para establecer mecanismos de control de cortas en bosques de las orillas de los ríos, ubicados en zonas de Dominio Público, que permitan la conservación del río como ecosistema fluvial y garanticen el funcionamiento de sus mecanismos biológicos. Estas cortas, en muchos casos de escaso valor económico, generalmente con el destino para leña, son injustificadas teniendo en cuenta el importante valor ecológico que desempeñan estos bosques para mantener el equilibrio biológico fluvial, así como para evitar arrastres y desmantelamientos de las orillas, que encajonan los cauces fluviales generando un mayor riesgo en caso de grandes avenidas.
Los Ayuntamientos deberían asumir el papel paisajístico y ecológico del río, así como el protector de los bosques ribereños, que en su territorio no solo representan un elemento de calidad ambiental y de desarrollo sostenible, si no también un atractivo turístico, que no debe despreciarse. El escaso valor económico de las cortas, podría y debería cubrirse con programas de la Administración Autónoma y Estatal, que generen inversiones ó subvencionen a aquellos pueblos que apuesten por una gestión del río más integral. Son innumerables las cortas de ribera en nuestro territorio. Son de pequeño volumen maderero, pero de amplia extensión longitudinal a lo largo de las orillas de los ríos, lo que ha generado, que en pocos años hayan desaparecido la mayor parte de los bosques naturales que bordeaban los cauces fluviales. La corta ejecutada hace escasas semanas en el municipio de Orrios, es ejemplo significativo de lo expuesto en esta carta y motivo de reflexión sobre las sugerencias, que planteamos en un intento de aportar nuestro granito de arena en la solución de este impacto ambiental, que en pocos años va a generar la desaparición de los ecosistemas fluviales.
Sergio Doñate Bujeda/Otus-Ateneo
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