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EL PAISAJE COMO RECURSO
NATURAL. BREVE APLICACIÓN AL TERRITORIO ARAGONÉS
Javier del
Valle Melendo
Dr. en Geografía Profesor de la Universidad de Zaragoza.
Consultor de la Confederación Hidrográfica del Ebro.
1- Introducción 2- Definición de paisaje 3- El
paisaje: un elemento dinámico 4- Calidad, subjetividad y
preferencias 5- Los paisajes según la dominancia de elementos 6-
Variedad y calidad paisajística de Aragón 7- Conclusiones
8- Biografía
1-
INTRODUCCIÓN
Frecuentemente se identifica el término paisaje con un
elemento de carácter meramente estético o visual. Sin embargo la
ciencia cada vez muestra una mayor preocupación por abordar y analizar
sistemáticamente el paisaje. En principio depurándolo de
condicionantes estéticas para recuperar después el interés
por las impresiones emocionales que éste suscita, lo que no deja de ser
problemático para la metodología científica.
Este acercamiento está muy relacionado con el
interés creciente por desarrollar estudios integrales de las
áreas naturales, cuya expresión exterior es el paisaje, o al
menos los elementos más evidentes y fácilmente perceptibles de
éste, el llamado fenosistema (González Bernáldez,
1981).
El estudio del paisaje va, por lo tanto, muy ligado al de las
áreas naturales, y por supuesto al de su evolución y
transformación, bien como consecuencia de procesos naturales o como
resultado de la intervención humana sobre ellos.
La consideración del paisaje como un recurso natural y su
valoración como tal está muy relacionada con la progresiva
importancia que se da a la conservación de espacios naturales, con dos
modalidades principalmente:
- Espacios con alto grado de naturalización en los que la
antropización, y por lo tanto las huellas de ésta en el paisaje,
es escasa.
- Espacios en los que la integración de actividades
humanas en el medio ha dado como resultado un espacio antropizado, pero con
sistemas sostenibles de explotación, en los que el paisaje suele estar
compuesto por un mosaico complejo de elementos naturales y antrópicos
entre los que se establecen intensas relaciones.
Sin embargo, el concepto de paisaje como recurso natural no debe
limitarse exclusivamente a estos dos tipos de espacios, que por supuesto
cuentan con una serie de valores naturales y paisajísticos muy especial,
sino que debe aplicarse también a los espacios más humanizados,
incluso a aquellos que lo están en su grado máximo (las
ciudades), pues además de que en todos ellos es posible encontrar
elementos naturales en mayor o menor medida, la percepción del entorno
tiene un importante papel en el bienestar humano y en la calidad de vida.
Río y
bosques pirenaicos © Javier del Valle
2- DEFINICIÓN DE
PAISAJE
El concepto "paisaje" ha evolucionado mucho a lo largo de la
historia. En un principio estaba muy relacionado con expresiones
artísticas, para unirse en el siglo XIX al interés despertado por
las áreas naturales y su estudio integral.
Según González Bernáldez (1981) en nuestros
días hay dos tipos de acepciones del término:
- La imagen (percibida, impresa, etc.) de un territorio
- El conjunto de elementos de un territorio relacionados entre
sí, fácilmente delimitables y visibles. Es, por lo tanto, una
elaboración teórica sobre el contenido de la imagen
En ambos casos se considera la imagen en su conjunto o a
través de sus elementos. Los componentes del paisaje se caracterizan por
ser claramente manifiestos, fácilmente observables, apareciendo
así una de las características definitorias del paisaje: su
percptibilidad, no sólo visual, sino multisensorial. Así
Díaz Pineda (1973) define el paisaje como "percepción
plurisensorial de un sistema de relaciones ecológicas".
El segundo tipo de acepción del término implica una
consideración global e interrelacionada de todos los elementos, tanto
naturales como antrópicos, que constituyen el paisaje. Es la llamada
"teoría del paisaje integrado", perspectiva desde la que aparecen
definiciones como:
- El paisaje no es la simple suma de elementos geográficos
separados, sino que es -para una cierta superficie espacial- el resultado de
las combinaciones dinámicas, a veces inestables, de elementos
físicos, biológicos y antropológicos, que engarzados
dialécticamente, hacen del paisaje un cuerpo único, indisociable,
en perpetua evolución" (Bertrand 1968).
- El paisaje es la resultante de la agregación de los
caracteres físicos del medio físico, de los rasgos físicos
del medio biótico mas la huella física de la lenta (hasta hace
pocos años) transformación humana" (Gómez Orea,
1985).
Así quedan recogidos los que, a nuestro modo de ver, son
rasgos característicos y definitorios del concepto "paisaje":
- Ha de ser percibido
- Integra un conjunto de elementos, tanto visibles como no
visibles, de origen natural y antrópico
- Es un elemento dinámico, en continua evolución y
transformación
3- EL PAISAJE: UN ELEMENTO
DINÁMICO
El paisaje está en permanente evolución como
consecuencia de:
- Procesos dinámicos naturales del medio biótico
(evolución de la vegetación, colonización ,
sustitución, etc.) y del medio abiótico (procesos erosivos o
sedimentarios, transformaciones de los cursos fluviales, procesos glaciares,
etc.)
- Procesos antrópicos: roturaciones, talas,
transformación de usos de suelo, instalación de infraestructuras,
etc.
Hemos de considerar que el hombre es un elemento más de la
naturaleza, unido a ella por vínculos de interdependencia, por o que es
parte integrante de los ecosistemas. Su papel en ellos es muy activo,
especialmente en los últimos siglos, en los que la tecnología
desarrollada permite unas intervenciones sobre el medio imposibles
anteriormente, lo que ha aumentado y acelerado los procesos de
transformación antrópica de éste, y por lo tanto la
evolución de los paisajes.
Cada uno de los medios citados (biótico, abiótico y
antrópico) va a tener diferente peso específico en cada unidad de
paisaje, estableciéndose entre ellos una serie de relaciones e
interdependencias que dan unidad al conjunto y determinan su evolución.
Las dinámicas evolutivas de los procesos indicados se desarrollan
según escalas temporales muy diferentes. Hay dinámicas de ciclo
corto:
- En el medio abiótico: desprendimientos de ladera,
ciertas transformaciones en el medio fluvial, caídas de bloques, etc.
- En el medio biótico: muerte de individuos como
consecuencia de desprendimientos, incendios o caída de otros individuos,
cambio en poblaciones debido a plagas o enfermedades, etc.
Las dinámicas de ciclo largo en muchas ocasiones tienden a
restaurar el equilibrio perdido como consecuencia de una dinámica de
ciclo corto o de una intervención humana. Son, por lo tanto procesos
autoorganizativos que tienden a llevar el conjunto hacia estadios más
estables:
- En el medio abiótico: regularización de laderas,
estabilización de cauces fluviales, o costas, etc.
- En el medio biótico: colonización vegetal,
sustituciones o cambios en las especies vegetales y animales como consecuencia
de un cambio climático, etc.
Las intervenciones antrópicas suelen causar modificaciones
de ciclo corto: una tala, una roturación, cambios en la
utilización del suelo, incendios provocados, instalación de
infraestructuras de comunicación, etc. Estas modificaciones
rápidas desatan procesos de adaptación y reorganización
del medio natural, tanto biótico como abiótico, en la mayor parte
de los casos de ciclo largo: recolonización vegetal en zonas quemadas o
taladas, progresiva invasión de las infraestructuras por la
vegetación y materiales depositados, estabilización de taludes,
etc.
Los procesos, tanto de ciclo largo, como corto, de los medios
abiótico, biótico y las intervenciones antrópicas,
interrelacionan fuertemente entre sí. Así, por ejemplo, un
desprendimiento de ladera (proceso de ciclo corto del medio abiótico)
puede provocar una destrucción de la cubierta vegetal (ciclo corto del
medio biótico) y desatar los procesos de colonización (ciclo
largo del medio abiótico). Un incendio provocado (intervención
antrópica de ciclo corto) provocará una serie de procesos
erosivos y de pérdida de suelo (medio abiótico, ciclo largo) que
a su vez influirán sobre la rapidez y eficacia de la revegetación
natural (medio biótico, ciclo largo) que dará comienzo tras
él.
El paisaje es, en definitiva, algo vivo que evoluciona
temporalmente como consecuencia de unos procesos naturales y unas
intervenciones antrópicas o por el cese de éstas, como ha
ocurrido en los últimos años en amplias zonas de media
montaña o comarcas deprimidas. Por ello, no ha de considerarse un
fenómeno estático susceptible de ser encerrado en una imagen
momentánea, sino como algo en permanente evolución, lo que se ha
definido como "metabolismo del paisaje".
4- CALIDAD, SUBJETIVIDAD Y
PREFERENCIAS
El concepto de calidad de un paisaje está relacionado con
la mayor o menor presencia de valores estéticos, lo que está
sometido a una fuerte subjetividad. No obstante, se han realizado esquemas
sistemáticos para evaluar la calidad de un paisaje, entre ellos podemos
mencionar el realizado por M. Escribano y col. (1987). Según propone, la
valoración estética de un paisaje incluye la valoración de
tres elementos de percepción:
- La calidad visual intrínseca del punto desde el que se
realiza la observación. Los valores están constituidos por
aspectos naturales (morfológicos, vegetación, presencia de agua,
etc.)
- La calidad visual del entorno inmediato. Evalúa las
características naturales que se observan hasta una distancia de unos
700 m, señalando la posibilidad de observación de elementos
visualmente atractivos
- La calidad del fondo escénico. Evalúa la calidad
del fondo visual del paisaje considerando aspectos como intervisibilidad,
altitud, vegetación, agua y singularidades geológicas
La calidad que aporta la presencia de los elementos
señalados puede verse mermada por la presencia de elementos negativos
que indican degradación, tales como superficies quemadas, zonas
fuertemente erosionadas, ríos o lagos sucios, o por la presencia de
infraestructuras de impacto visual negativo, tales como urbanizaciones,
graveras, minas a cielo abierto, tendidos eléctricos, arrastres de
esquí, etc.
La mencionada sistematización para evaluar la calidad de un
paisaje puede ser útil para establecer comparaciones, pero nunca para
llegar a conclusiones cerradas o definitivas, pues la subjetividad y las
vivencias personales determinan en buena medida las preferencias
personales.
En la relación que un individuo establece con el paisaje,
se ponen en marcha dos tipos de actividades mentales (Corraliza, 1993):
- Actitud descriptiva de las propiedades del paisaje. Pretenden
comprender la escena y determinar sus propiedades y sus componentes. Entre las
propiedades destacan la coherencia, que se refiere a la colocación
lógica de todos los elementos de forma que puedan ser captados con
facilidad, y la de la legibilidad, que se refiere a que la escena tenga cierta
permeabilidad visual, de forma que el sujeto pueda acceder y desenvolverse en
el paisaje. Entre los componentes del paisaje la presencia de agua y de
árboles, entre otros, juegan un importante papel en el juicio de
preferencia.
- Actitud predictiva o de exploración. Hace referencia al
grado en que el paisaje satisface las necesidades del observador y éste
puede desarrollar un determinado comportamiento en función de:
- La complejidad de la escena (el grado de riqueza visual y
elementos diferentes)
- La propiedad del misterio, la presencia de elementos que
inducen al observador a investigar, tales como recovecos distintos planos en
una escena, curvas, etc. según Corraliza y Gilmartín (1991) el
misterio es un potente causante de alta puntuación en las preferencias.
La actitud predictiva o de exploración también se
relaciona con otras propiedades que indican en qué grado se adecua el
paisaje a ciertas expectativas del sujeto, tales como paisajes naturales o
saludables, posibilidades de refugio, etc. Para determinar cuales son las
principales preferencias respecto al paisaje se han hecho numerosos estudios,
bien sobre el terreno o sobre fotografías, aunque éstas siempre
dan una visión parcial y sensitivamente limitada de los paisajes. Entre
ellos podemos destacar los análisis de Cinton (en Bolós 1992),
quien determinó que la calidad del paisaje se determinaba principalmente
por morfología y usos del suelo, y que las montañas resultaban
más atractivas que las mesetas, y éstas que las tierras bajas.
En España González Bernáldez (1981)
determinó que las preferencias en las escenas naturales se determinaban
principalmente por los siguientes parámetros:
- Aspectos relacionados con el grado de naturalidad,
principalmente la presencia de agua y vegetación
- Aspectos relacionados con el tratamiento de la
información, tales como comprensión de la escena, contraste y
nitidez o accesibilidad
- Aspectos relacionados con la presencia o ausencia de riesgos,
amenazas o retos (relieve abrupto, rocas desnudas, aridez, etc.)
- Color, que determina distintas valoraciones entre gamas
frías y cálidas
No obstante, hemos de tener en cuenta que las preferencias
están siempre determinadas por el fuerte grado de subjetividad del
observador y que éstas, por muy extendidas que estén, no tienen
por qué coincidir con la valoración intrínseca de un
paisaje como recurso natural, y por lo tanto con la necesidad de su
conservación. Así, por ejemplo, paisajes áridos de zonas
esteparias o rocosos y con formas angulosas de alta montaña, puede tener
un alto valor por su especificidad, presencia de endemismos, fragilidad, etc. y
sin embargo quedar muy lejos de las preferencias mayoritarias.
5- LOS PAISAJES SEGÚN LA
DOMINANCIA DE ELEMENTOS
Todo paisaje está dominado por tres tipos de elementos:
abióticos, bióticos y antrópicos. La proporción
entre ellos es muy diversa. Estos tres elementos se interrelacionan, de forma
que la modificación de uno afecta al resto.
El paisaje evoluciona con el tiempo, por lo que su
clasificación puede ser válida para un tiempo, pero no de forma
permanente. Los paisajes quedarían clasificados en:
- Paisajes con predominancia prácticamente exclusiva de un
solo grupo de elementos
- Paisajes con dominancia de un tipo de elementos sobre otros
pertenecientes a otros grupo
- Paisajes que resultan de la combinación de tres grupos
de elementos jerarquizados o con similitud de dominancias.
Un cambio brusco en la clasificación de un paisaje puede
ocasionarse como consecuencia de:
- Un hecho natural: un incendio, un desprendimiento, una
inundación grave, el avance y recolonización de la
vegetación en una zona devastada, etc.
- Una intervención humana: una urbanización, la
construcción de infraestructuras, una concentración parcelaria,
una roturación, una repoblación, etc.
No siempre una intervención del paisaje supone una
contaminación. El término contaminación se reserva para
intervenciones profundas y rápidas que provoquen un impacto visual grave
y una evidente pérdida de calidad de los paisajes. En general la
contaminación se caracteriza por primar la presencia de elementos
antrópicos en detrimento de los bióticos o abióticos,
aunque también puede significar la introducción de elementos
bióticos extraños (repoblaciones con especies exóticas) o
la elminación de elementos abióticos singulares.
6- VARIEDAD Y CALIDAD
PAISAJÍSTICA DE ARAGÓN
Debido a la localización geográfica de
Aragón, en su territorio incluye el sector central de Los Pirineos, una
buena parte de área centro - meridional de la Cordillera Ibérica
y el corazón de la Depresión del Ebro, lo que ya es suficiente
para aportar una gran variedad altitudinal y topográfica. Como
consecuencia de esta topografía, de su desarrollo N - S y de la
localización entre dos mares de diferentes características,
Aragón cuenta con climas de muy diferentes características a lo
largo y ancho de su territorio. Esta variedad geográfica ha condicionado
las diferentes actividades humanas y las formas de vida y de ocupación
del territorio, por lo que podemos deducir que los paisajes, entendidos como
elementos que integran componentes naturales y antrópicos, han de ser
muy variados.
Un rápido repaso a los paisajes presentes en Aragón,
con una escala muy grande, y sin posibilidades de descender a detalles, revela
que en la Comunidad encontramos tres grandes unidades geográficas en las
que se aprecian paisajes de características diferenciadas:
Los Pirineos
Aquí los paisajes se ordenan en función de la
altitud, pues ésta determina las condiciones climáticas, factor
decisivo en el desarrollo de muchos procesos geodinámicos, la
instalación de la vegetación y las actividades humanas. Por ello,
se observa un escalonamiento desde los valles, donde son frecuentes los
paisajes con elementos bióticos (bosques y prados), más o menos
intervenidos por el hombre, y una cierta presencia de elementos
antrópicos, variable según zonas (pueblos, urbanizaciones,
vías de comunicación, etc.). La presencia de elementos
abióticos (ríos, cantiles, canchales, etc.), aunque visible,
suele quedar en segundo plano respecto a los bióticos.
A medida que ascendemos en altura, tiende a descender la
importancia de los elementos antrópicos que aparecen de forma puntual
(pistas de esquí, pistas forestales, refugios). Los bióticos
mantienen, en general, cierto protagonismo o presencia notable hasta los 2000 -
2200 m., altura a la que desaparece el bosque y por encima de la cual domina el
matorral y principalmente el pastizal, elementos de menor entidad
paisajística que aquel. Los elementos abióticos van ganando
presencia en el paisaje, de forma que en la alta montaña pirenaica las
crestas y cumbres rocosas, ibones, canchales y laderas con escasa
vegetación, son dominantes, por lo que se trata de un paisaje con
dominio de componentes abióticos.
En Los Pirineos aparecen algunos de los paisajes que podemos
considerar emblemáticos de Aragón:
- En el sector más meridional de la cordillera
(Prepirineo) observamos, principalmente en ciertas comarcas, algunos rasgos
específicos del paisaje: la fuerte despoblación que han sufrido
amplias comarcas prepirenaicas explica que la presencia de componentes
antrópicos sea limitada en muchas zonas. Los componentes bióticos
(bosque y matorral) son, junto con los abióticos (relieve
principalmente) los dominantes. En algunas zonas éstos toman un
protagonismo especial (cañones prepirenaicos, especialmente el conjunto
de Guara), creando paisajes particulares, de gran valor estético y con
un alto grado de naturalidad. También hemos de señalar la
presencia de alguna zona de mallos, importantes farallones rocosos de gran
verticalidad y entidad paisajística, característicos de algunas
de las zonas más meridionales del Prepirineo, especialmente en su
contacto con la Depresión.
- En el corazón de la cordillera, localizados en los
macizos de mayor altitud, aparecen los únicos glaciares actualmente
activos en España. Su presencia supone un elemento de enorme
especificidad y valor en un paisaje de fuerte componente litogeológico.
Son elementos muy localizados y frecuentemente se sitúan en lugares de
difícil acceso y limitada visibilidad, por lo que su entidad
paisajística es reducida, lo que en parte puede explicar el cierto
desconocimiento que hay respecto a ellos, a pesar de su enorme
singularidad.
 Paisaje
pirenaico © Javier del Valle
La Depresión del Ebro
En la Depresión los elementos antrópicos tienen una
gran entidad paisajística, principalmente las superficies de cultivo
(tanto desecano como de regadío) y en menor medida los núcleos de
población y las vías de comunicación. El relieve pierde
importancia respecto a la zona pirenaica, pues dominan las formas poco
vigorosas, y los elementos bióticos también quedan notablemente
relegados, pues gran parte del territorio está transformado por la
acción humana. Quedan algunas zonas que conservan cierta cubierta
vegetal, pero suelen ser pequeñas y marginales, y en muchos casos se
trata de cubierta de porte pequeño o mediano, de escasa entidad
paisajística.
Los paisajes en la Depresión se organizan en buena medida
en torno a los ejes fluviales, en cuyas proximidades se instalan la
mayoría de los núcleos de población y las superficies
transformadas en regadío. Los interfluvios están en general
dominados por paisajes con cultivos de secano, y algunas zonas en las que se ha
mantenido la vegetación natural, principalmente en los sectores
más elevados (muelas).
Aquí encontramos uno de los paisajes más
emblemáticos y representativos de Aragón: la estepa. En él
aparece una alternancia entre cultivos de secano cerealista y áreas en
las que se desarrolla una vegetación de porte herbáceo con
especies adaptadas a la fuerte aridez, pobreza de suelos y en ocasiones
presencia de yesos y lagunas saladas estacionales de origen endorreico. Se
trata de un paisaje muy alejado de los estándares actuales de belleza,
pero de un gran valor por su singularidad, pues paisajes de este tipo son muy
escasos en el continente europeo.
También hemos de señalar la presencia de paisajes
fluviales en torno a los ríos que atraviesan la zona (Ebro y sus
afluentes por ambas márgenes). Son paisajes directamente ligados a la
presencia de una corriente de agua superficial que permite el desarrollo de la
vegetación de ribera en sus inmediaciones, perfectamente diferenciada
del entorno. Presentan un gran dinamismo y en ellos predominan los elementos
bióticos y abióticos, aunque sufren una presión
antrópica cada vez mayor, tanto directa como indirecta.
 Valle del
Ebro © Javier del Valle
Sistema Ibérico
Aquí las montañas son de mucha menor entidad
topográfica que Los Pirineos, por lo que su influencia en la
organización del paisaje no es tan determinante como en aquellos. La
zona, en conjunto, se encuentra bastante compartimentada en macizos
montañosos de mediana altura, y depresiones y valles fluviales en
algunos casos situados a notable altitud. La energía de relieve no es en
general muy grande, por lo que no podemos hablar de paisajes de montaña
ordenados según un eje vertical, como en Los Pirineos. En el Sistema
Ibérico se observa más bien un mosaico paisajístico
adaptado a la compartimentación topográfica según el cual
las depresiones y valles fluviales son las zonas más transformadas
antrópicamente, y donde se sitúan los principales núcleos
de población y vías de comunicación. Los macizos
montañosos, aunque se hallan más transformados que la alta
montaña pirenaica, conservan un cierto grado de naturalidad. La
vegetación está bastante degradada en algunas zonas, como
consecuencia principalmente de talas y sobrepastoreo, pero en otras se conserva
en un estado relativamente bueno, presentando aquí una relevancia
paisajística importante.
También aquí encontramos algunos de los paisajes
más característicos de Aragón:
- Por una parte el Macizo del Moncayo, en el que un relieve de
fuerte energía se destaca nítidamente sobre el entorno,
especialmente sobre el sector próximo de la Depresión del Ebro.
Sobre él se asienta una rica y variada vegetación, de porte
arbóreo en sus cotas bajas y medias y de porte arbustivo en las altas.
El conjunto es una zona con un grado de naturalidad elevado en la que dominan
los componentes bióticos y abióticos, quedando los
antrópicos bastante relegados.
- La Laguna de Gallocanta, situada en el centro de la
Depresión endorreida del mismo nombre. La presencia de una amplia,
aunque fluctuante, lámina de agua salada a casi 1000 m de altura en un
paisaje de una gran homogeneidad supone un elemento paisajístico muy
singular en un entorno muy transformado por el hombre. Los elementos
antrópicos y abióticos son los dominantes, y aunque la zona, al
igual que otras de Aragon, no se aproxima al "estándar" clásico
de paisaje hermoso, tiene unas importantes particularidades, que unidas al alto
valor ecológico de la zona lo convierten en un paisaje muy atractivo.
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Sistema
Ibérico zaragozano © Javier del Valle |
Laguna de
Gallocanta © Javier del Valle |
7- CONCLUSIONES
El paisaje ha de ser considerado como un recurso natural que ha
sufrido una fuerte transformación como consecuencia de los cambios en
los usos del suelo. Es un recurso natural escaso, fácilmente depreciable
y difícilmente renovable. Su deterioro supone una pérdida de
calidad del medio perceptual, y por lo tanto incide negativamente en el grado
de bienestar humano y la calidad de vida, al romper la relación del
individuo con su entorno.
Por ello, el paisaje ha de ser considerado un bien digno de ser
protegido. Llevar a efecto esta protección tiene una serie de
dificultades, algunas derivadas del propio carácter dinámico del
paisaje. La protección del paisaje no es una congelación de sus
formas, sino que supone el entendimiento de las relaciones geográficas
de causa - efecto, la comprensión de los procesos de cambio, de las
demandas de usos, de las posibilidades de mantenimiento espontáneo de
las formas, etc. (Martínez de Pisón, 1997). Es necesario, por lo
tanto, establecer fórmulas posibles y viables para su funcionalidad,
pues si los paisajes no están vivos, difícilmente pueden
mantenerse.
Paisajes vivos y con unas poblaciones asentadas en íntima y
estrecha relación con ellos que no tienen que renunciar a un
legítimo desarrollo y bienestar, y para conseguirlo no han de ver en la
conservación de su entorno un obstáculo, sino un aliado. Esta
conservación debe fundamentarse tanto en los valores naturales de
algunos territorios, como en los estéticos, dos criterios que pueden
coincidir pero no tienen por qué hacerlo.
El reto futuro de desarrollo de ciertas poblaciones, especialmente
aquellas establecidas en entornos paisajísticos singulares, puede ser
conseguir su desarrollo a partir de la conservación de sus paisajes.
8-
BIBLIOGRAFÍA
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