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Las radiaciones de las microondas de telefonía móvil son de las de frecuencias más altas de las utilizadas habitualmente y, por tanto, de las que más se acercan a las radiaciones ionizantes. No hay que confundir las ondas digitales en el medio ambiente con las señales digitales por cable o utilizadas en aparatos de sonido e imagen, ya que éstas últimas son totalmente inofensivas por estar confinadas en el cable o en los componentes electrónicos de los aparatos.
El público en general no se percata de la existencia de los repetidores mencionados, y que se instalan dentro de las ciudades, sobre las azoteas de las casas, y por ello, las compañías de teléfonos pagan sustanciosas cantidades anuales a los copropietarios de dichos edificios, que pueden ver solventados así los gastos de mantenimiento de la comunidad. Las antenas se pueden reconocer por su estructura de perfiles de hierro (unas veces en forma de torre, otras veces en forma de cajón triangular o cuadrado) sobre la cual se apoyan nueve pequeñas pantallas rectangulares en posición vertical (de un metro por treinta centímetros cada rectángulo). Es decir, se está produciendo una invasión silenciosa de microondas sobre nuestras propias cabezas. El efecto nocivo de un repetidor sobre la persona dependerá de la distancia a la que esté situada la vivienda (por tomar una situación tipificada) y al tiempo de exposición de la persona a dichas radiaciones (como mínimo las ocho horas de sueño diarias...).
Con toda esta problemática, surge la necesidad de definir dos tipos de usuarios de la telefonía móvil: el "usuario pasivo" y el "usuario activo" (de la misma manera que hay fumadores pasivos y activos). El usuario pasivo no tiene teléfono móvil, pero se le está perjudicando día y noche con las ondas de los repetidores de la telefonía (y de los teléfonos móviles cercanos) sin que él lo sepa ni se le haya informado de ello, para que tenga la libertad de decidir si lo admite o no. Por otra parte está el "usuario activo" que, además de lo anterior, voluntariamente usa su radioteléfono consiguiendo con ello un aumento de la radiación recibida hacia sí mismo, con la emisión de las ondas de su propio teléfono, lo cual le produce un daño añadido en forma local, ya que afecta a al salud de su propio oído, además de otros.
COSTA MORATA, P. (1996) Electromagnetismo (silencioso, ubicuo e inquietante).
Troya Editorial. Madrid.
GIRBAU ORTEGA, J. Electropolución y la nocividad de la Telefonía
Móvil. Documento de Berdeak/Los Verdes. San Sebastián.