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Las luces de la ciudad le señalaron con su frío dedo
y los helados de vainilla le aviolentaron por última vez.
Se ha ido.
Hubo algunos que dijeron haberle visto
cuando marchaba lento hacia las nubes.
Él, que anunció el ocaso de las avenidas.
Él, que platicó con las paradas de los autobuses.
Él, que interrogó mojados bancos de los parques.
- No amanecido Hombre, le secuestró la brisa,
le secuestró el silencio,
sólo quedó su cuerpo explosionado -
Él, que cerró los ojos de la hormiga asesinada.
Él, que cantaba a coro con los astros celestes.
Él, que convirtió en abismos insondables los asientos del metro
y en telarañas concéntricas las ventanillas de los trenes.
- En vísperas de Ser, olvidó la palabra,
olvidó la sonrisa,
le construyeron llanto escarcha hielo -
Él, que sedujo cristales de grandes almacenes,
que habitó con su música la noche
y acusó de alta traición a los semáforos en ámbar.
Él. El enemigo de las oficinas,
el hermano de la zanja y el barbecho,
el hijo de la sangre y el tejado y la fábrica y el verso
se ha marchado esta noche
para siempre.
Ahora los gatos lloran
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